El debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral suele plantearse en términos de sustitución: qué empleos desaparecerán, qué profesiones estarán más expuestas y hasta qué punto las empresas necesitarán menos trabajadores.
Sin embargo, los cambios que empiezan a observarse dentro de las organizaciones apuntan a una realidad más compleja.
Un reciente artículo publicado por Forbes, a partir de una investigación de la compañía de análisis de talento Visier, muestra que la incorporación de la inteligencia artificial no está provocando únicamente la desaparición de determinadas funciones. También está modificando qué perfiles necesitan las empresas, qué competencias adquieren mayor valor y cómo se distribuye el trabajo dentro de los equipos.
Una transformación que se produce dentro de los propios puestos de trabajo
La investigación de Visier analiza más de 3,6 millones de registros de empleados de más de 155 grandes organizaciones entre 2022 y 2026.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que los cambios no se producen necesariamente por sectores completos, sino dentro de las propias áreas profesionales.
Por ejemplo, el peso de los perfiles de Datos y Analítica aumentó un 49% durante el periodo analizado y el de Gestión de Producto creció un 39%. Sin embargo, dentro de la propia categoría de Datos y Analítica aparecen evoluciones muy diferentes: la proporción de contrataciones de ingenieros de inteligencia artificial aumentó un 251%, mientras que la correspondiente a científicos de datos se redujo un 32%.
La conclusión resulta relevante: afirmar simplemente que un sector o una profesión está creciendo o disminuyendo puede ocultar transformaciones mucho más profundas.
La inteligencia artificial está permitiendo automatizar determinadas funciones mientras, al mismo tiempo, incrementa la demanda de otras capacidades.
¿Existen realmente empleos “irremplazables”?
Forbes destaca que profesiones vinculadas con la educación, la abogacía, la arquitectura o la seguridad muestran una mayor resistencia a una sustitución completa por sistemas de inteligencia artificial.
Pero probablemente resulte más preciso hablar de funciones difícilmente sustituibles que de profesiones completamente ajenas a la automatización.
Un abogado puede utilizar inteligencia artificial para localizar información, revisar documentación o agilizar determinadas tareas. Un arquitecto puede emplearla para generar propuestas preliminares. Un profesor puede apoyarse en ella para preparar materiales.
Eso no significa que desaparezca la intervención profesional.
En muchas actividades siguen siendo esenciales capacidades como el criterio, la interpretación, la responsabilidad, la negociación, la empatía o la comprensión de circunstancias que no pueden reducirse a una mera generación de información.
En el ámbito jurídico esta diferencia resulta especialmente evidente. Disponer de información es solo una parte del trabajo. Determinar qué información es relevante, interpretar una norma en unas circunstancias concretas, valorar riesgos, diseñar una estrategia o asumir la responsabilidad de una recomendación continúa requiriendo conocimiento y criterio profesional.
La contratación se reduce, pero no puede atribuirse todo a la IA
Otro de los datos destacados por Forbes es que, en las organizaciones analizadas por Visier, la tasa general de contratación descendió aproximadamente un 24% durante el periodo estudiado.
El dato debe interpretarse con cautela.
Los propios análisis advierten de que durante esos años también han concurrido factores como la incertidumbre económica, procesos de reestructuración y cambios en las estrategias de plantilla. Por tanto, no sería correcto atribuir esa reducción exclusivamente a la inteligencia artificial.
Sin embargo, la tecnología introduce una variable que las empresas no tenían con la misma intensidad hace unos años.
Ante un incremento de la carga de trabajo, la decisión ya no consiste únicamente en determinar cuántas personas adicionales deben contratarse. También puede analizarse qué tareas pueden automatizarse, cuáles pueden realizar los equipos actuales con apoyo tecnológico y en qué funciones sigue siendo imprescindible incorporar nuevo talento.
Esto puede conducir progresivamente a organizaciones con perfiles diferentes y a procesos de contratación más selectivos.
La experiencia puede ganar valor en la era de la inteligencia artificial
Otro de los fenómenos recogidos por Forbes es el aumento del peso de los profesionales de entre 35 y 50 años dentro de las nuevas contrataciones analizadas.
Aunque los trabajadores más jóvenes continúan representando el grupo más numeroso, los datos apuntan hacia una mayor valoración de determinados perfiles con experiencia.
La inteligencia artificial puede acceder a enormes cantidades de información en segundos. Lo que no proporciona automáticamente es la experiencia acumulada necesaria para detectar que una respuesta aparentemente correcta no encaja con las circunstancias reales de un caso.
Por ello, la combinación entre experiencia profesional y capacidad para utilizar eficazmente nuevas herramientas tecnológicas puede convertirse en uno de los perfiles más valiosos del mercado laboral.
No necesariamente competirán quienes mejor trabajen sin inteligencia artificial frente a quienes utilicen estas herramientas. La diferencia puede estar entre quienes sepan integrarlas en su trabajo manteniendo el criterio profesional y quienes no logren adaptarse a esa transformación.
El reto para las empresas no consiste únicamente en automatizar
La incorporación de inteligencia artificial plantea también importantes decisiones de organización empresarial.
Antes de automatizar una función conviene determinar qué tareas pueden delegarse en un sistema, cuáles requieren supervisión humana y qué conocimientos deben permanecer dentro de la organización.
También deben valorarse cuestiones relacionadas con la formación de los trabajadores, la confidencialidad, la protección de datos, la propiedad de la información, la evaluación de resultados y la responsabilidad sobre las decisiones adoptadas.
Existe, además, una dimensión regulatoria cada vez más relevante.
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial considera de alto riesgo determinados sistemas utilizados en ámbitos laborales, entre ellos ciertos sistemas destinados a la selección y contratación de personas, la adopción de decisiones que afecten a la relación laboral, la asignación de tareas o la supervisión y evaluación de trabajadores. La normativa europea contempla precisamente estos usos por su capacidad para afectar a los derechos y oportunidades profesionales de las personas.
La utilización empresarial de la inteligencia artificial no puede entenderse, por tanto, únicamente como una cuestión de productividad.
De sustituir empleos a redefinirlos
Quizá la principal conclusión que puede extraerse de los datos publicados por Forbes y Visier sea que la transformación del empleo puede producirse de una forma mucho menos visible de lo que habitualmente se imagina.
Una profesión puede continuar existiendo y, al mismo tiempo, cambiar profundamente.
Determinadas tareas pueden desaparecer, otras pueden automatizarse y nuevas responsabilidades pueden adquirir mayor importancia. Dos personas con el mismo título profesional pueden terminar desarrollando funciones muy diferentes en función de su capacidad para trabajar con estas tecnologías.
Para los profesionales, la pregunta relevante deja de ser únicamente “¿puede la inteligencia artificial sustituir mi trabajo?”.
Puede ser más útil preguntarse qué partes de mi actividad puede asumir la tecnología y qué capacidades humanas adquirirán mayor valor precisamente como consecuencia de esa automatización.
Para las empresas, el desafío consiste en aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial sin perder conocimiento, experiencia, responsabilidad y capacidad de supervisión.
La transformación ya no afecta únicamente a la tecnología utilizada por las organizaciones. Está empezando a modificar la propia estructura del trabajo.
Fuente de referencia: artículo publicado por Forbes España a partir de la investigación Hidden in the Headcount: The State of Workforce Transformation During the AI Reckoning, de Visier.
En Solium Legal seguimos de cerca la evolución de la inteligencia artificial y sus implicaciones jurídicas y empresariales, especialmente en materia laboral, protección de datos, organización empresarial y cumplimiento normativo.





